Volver a las Raices
Volver a las raíces
En 2021 sucedió algo importante.
Por primera vez desde que me había marchado a África en 2011, regresé a Cataluña durante más de un mes.
No tenía previsto quedarme. África seguía siendo mi casa, mi espacio profesional y el lugar donde había construido gran parte de mi vida adulta; mis amigos, mi pareja, mis perros, mi ex-marido, " mis niños mayores", mi dentista, mis profesores y compañeros...
Pero sentía la necesidad de volver a las raíces.
Quería reencontrarme con mi familia de origen. Conocer de nuevo a mis padres desde mi mirada adulta, ahora que habían llegado a la jubilación. Crear un vínculo diferente con ellos y poder compartir partes de sus vidas que la distancia me había hecho vivir desde lejos.
Poco a poco, aquel regreso empezó a transformarse en algo más.
En 2022 decidí establecer de nuevo aquí mi base, manteniendo África y otros países como espacios de trabajo, cooperación y consultoría.
Todavía necesitaba, sin embargo, comprender qué significaba realmente aquel regreso.
Volver a mí
En 2023, después de una consultoría con una organización que trabajaba contra la trata de personas en Uganda, algo terminó de ordenarse dentro de mí.
Después de más de una década trabajando en educación, cooperación, organizaciones, formación de maestros, acompañamiento de equipos, resolución de conflictos y proyectos de desarrollo humano, comprendí que era momento de volver también a mí.
Volver a aquello que era mío. Volver al servicio desde mi propia identidad. No abandonar todo lo aprendido en África, sino integrarlo y traerlo conmigo. Y, una vez más, apareció Waldorf.
Volver al aula
La Escola Waldorf La Font de Vic me invitó a incorporarme a su rueda de sustituciones.
Y ocurrió algo aparentemente sencillo, pero profundamente significativo.
Volví al aula y esta vez no entraba principalmente para diseñar currículos, formar maestros, acompañar equipos o ayudar a resolver conflictos, como había hecho durante buena parte de la década anterior.
Entraba nuevamente como maestra, delante de los niños era casi como regresar al principio.
Encontré una escuela que, a través del entusiasmo, la dedicación, la perseverancia y una enorme entrega, había conseguido crecer, abrir también la etapa de Secundaria y construir una comunidad educativa con sentido.
Como cualquier comunidad creada por seres humanos, contiene también complejidades, desafíos y contradicciones.
Y precisamente por eso tiene valor. Porque una comunidad educativa no se construye desde la perfección, sino desde la capacidad de sostener un propósito compartido mientras aprendemos a convivir con nuestra propia humanidad.
En La Font encontré riqueza en los valores, en las formas, en la manera de comprender la educación y también algo que considero fundamental y que no siempre recibe suficiente atención cuando hablamos de escuelas:
el cuidado de quienes cuidan.
Percibí una atención especial por parte del equipo directivo no solamente hacia los niños, sino también hacia los maestros y trabajadores que sostienen diariamente la escuela. Y esto también forma parte, para mí, de una pedagogía verdaderamente humana.
Porque no podemos hablar del bienestar del niño sin preguntarnos por el bienestar del adulto que lo acompaña. No podemos pedir presencia a un maestro sin crear espacios donde ese maestro pueda sentirse también sostenido. No podemos construir una escuela saludable pensando únicamente en el currículo.
La pedagogía vive también en las relaciones que existen entre los adultos.
Regresar no era volver atrás
Con el tiempo he comprendido que regresar a Cataluña y regresar al aula no significaba volver al lugar del que había partido.
Volvía diferente. Volvía con África. Con los niños de The Kobo Trust. Con años de educación y cooperación.Con la formación de maestros entre muchas otras estudiando la ciencia y lo que llaman la "pseudociencia" de la mente que es lo que me ha permitido ayudar más y donde extraer más recursos prácticos y funcionales. Desde la sistémica, la PNL, la hipnosis, la regression transpersonal y el mindfulness. Con la psicopedagogía. Con el coaching sistémico y liderazgo de equipos. Con los conflictos y mediaciones que había acompañado. Con las experiencias y los aprendizajes. Y con una pregunta cada vez más clara: ¿Cómo podemos crear espacios educativos en los que niños y adultos puedan desarrollarse sin perder la conexión consigo mismos? Quizá mi camino con Waldorf tenga precisamente esa forma circular. Primero fui una joven ayudando en una escuela, mientras una maestra veía en mí algo que yo todavía no sabía reconocer. Después Africa me convirtió en gestora, directora, consultora, formadora, acompañante, psicoterapeuta y vuelvo a las escuelas como psicopedagoga. Y muchos años después, la vida me llevó nuevamente ante un grupo de niños. No para empezar de cero.
Sino para volver al origen llevando conmigo todo el camino recorrido.
Y quizá eso también sea educar: avanzar, transformarnos y, de vez en cuando, regresar al lugar esencial desde el que todo empezó en espacios seguros, bellos, cuidados y llenos de sentido.
La Font de Vic
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