La Pedagogia Waldorf en mi vida

 

¿Qué es la pedagogía Waldorf?

Una pedagogía para la vida

Por Clara Garcias

Para mí, la pedagogía Waldorf es una pedagogía que sana, integra y conecta con el ser. Una educación que nos permite comprender el mundo en sus diferentes dimensiones y que contempla al ser humano más allá de sus capacidades intelectuales.

Podría explicar Waldorf hablando de Rudolf Steiner, de los septenios, del arte, del ritmo, de la naturaleza o del desarrollo del pensar, sentir y hacer.

Pero para explicar lo que Waldorf significa para mí necesito empezar un poco antes.

Una mirada que estaba desde el principio

Desde mi nacimiento estuve vinculada a una visión espiritual del ser humano relacionada con la teosofía, la antroposofía y la tradición de la Rosacruz Áurea.

Nací en una comunidad llamada Lectorium Rosicrucianum, mi padre fué uno de sus pioneros en España, una escuela espiritual relacionada con la tradición rosacruz y el estudio de la herencia cátara. Crecí, por tanto, no solo rodeada de preguntas sobre la conciencia, el desarrollo interior, el sentido de la existencia y las diferentes dimensiones del ser humano, sino con una forma de vivir que entonces era poco habitual: sin televisor, dieta ovo lacteo vegetariana y sin excesos lúdicos. 

Mi padre también había recorrido parte de ese camino. Durante un año estudió arte en el Goetheanum, en Dornach, centro vinculado al impulso antroposófico de Rudolf Steiner.

Sin embargo, yo no crecí en una escuela Waldorf. Mi encuentro con esta pedagogía llegaría más adelante.

Cuando alguien ve en ti aquello que todavía no puedes ver

Antes de los 17 años tuve la oportunidad de acercarme al proyecto Krisol, en Premià de Dalt, donde colaboré como auxiliar de maestra. Allí conocí a Anna Maria.

Ella fue una de esas maestras que dejan huella porque saben mirar más allá del momento presente. Vio en mí algo que yo todavía no podía reconocer y un día me dijo: “Tú ya eres maestra.” Yo estaba terminando una etapa educativa bastante desmotivada y todavía no sabía cuál sería mi camino.

Después necesité salir, viajar y pasar un año en Inglaterra antes de comprender cuáles podían ser mis siguientes pasos. En 2010 inicié mis estudios de Magisterio en Blanquerna.

Durante la carrera profundicé también en la pedagogía musical de Émile Jaques-Dalcroze, descubriendo la música y el ritmo desde el movimiento y comprendiendo algo que posteriormente encontraría de nuevo en Waldorf: aprendemos con todo el ser, no solamente con la cabeza.

Un intercambio pedagógico de Blanquerna con la Universidad de un pueblo cerca de Stuttgart me llevó también a Stuttgart, donde pude acercarme al lugar en el que había nacido la primera escuela Waldorf en 1919. Los hilos empezaban a encontrarse.

De Stuttgart a Kenia

Durante aquellos años conocí a quien posteriormente sería mi marido. Su trayectoria profesional nos llevó hasta Kenia.

Cuando me propuso acompañarle, le dije que necesitaba encontrar allí también mi propio propósito. Él encontró una escuela Waldorf y una formación para maestros. Y dije que sí.

En 2011 comenzó mi vida en África y mi relación con la Rudolf Steiner School de Rongai, Kenia. Waldorf dejó entonces de ser algo que conocía. Empecé a vivirlo y conocer que era solo un recuerdo porque todo estaba en mi. Quedé a las puertas de la última entrevisa para ser maestra de esta escuela, un señor mayor alemán tomó mi lugar teniendo más años y esperiencia que mi yo joven de 23 años. Esta puerta cerrandose me abrió otras. 

Cuando puedes observar qué sucede en momentos que aparentemente no tienen sentido

Fue un momento muy duro y triste el no poder entrar en la escuela para ejerecer de maestra. No podia entender porque en el momento... Esté camino cerrandose me perimitió abrir mi carrera como psicopedagoga. En 2012 empecé a trabajar en The Kobo Trust, una fundación humanitaria que con los años acabaría dirigiendo. Dirigiendo proyectos humanitarios y creando curriculums educativos adaptados a niños, centros. El proyecto en Tanzania con los Bosquimanos fue una aventura, conocí a dos Misioneros que cambiaron mi relación con la iglesia católica, són más cristiana gracias a ellos. También a Richard un joven tanzano con un corazón tan grande como el lago Manyara  y un grupo de familias Hadza que ayudamos gracias a la colaboración con varios grupos y Fundaciones y un regalo: conocer al Juez Baltasar Garzón. Las mujeres viudas y solteras en Lavender Hill en Sudáfrica y los jóvenes sin oficios en Lamu, o las escuelas de dia en zona Masaai, fue el grupo de Sinai Slum que robó mi corazón un grupo de niños pequeños en medio de los basureros de camino al aeropuerto de origen Luo. 
No solo emocionalmente fue el proyecto que tocó más mi corazón sino que llegó a ser 10 años mi hobbie y donde aportaba mis recursos personales y tiempo libre junto con un grupo  grupo de personas abrimos una asociación sin animo de Lucro llamada "Mama Jane's Project" para asegurar que los acompañariamos en su educación hasta su mayoria de edad. 

Desde allí becamos y acompañamos durante años a niños y niñas huérfanos y en situaciones de vulnerabilidad. Algunos de los más pequeños pudieron recibir educación Waldorf en la Rudolf Steiner School, mientras otros siguieron su educación en escuelas convencionales.

Aquella experiencia me proporcionó algo que considero extraordinariamente valioso como educadora: tiempo para observar. Vi a aquellos niños crecer. Y hoy puedo observar a muchos de ellos como adultos.

No sería riguroso atribuir sus trayectorias exclusivamente al modelo educativo, porque en el desarrollo de una persona intervienen innumerables factores. Sin embargo, la experiencia me permitió observar diferencias que despertaron profundamente mi curiosidad.

En muchos de aquellos niños que habían pasado por Waldorf encontraba creatividad, sensibilidad, curiosidad, capacidad de adaptación y una manera amplia de aproximarse al mundo. Y me sigo preguntando como puedo explicar brevemente que es?

 ¿qué es la pedagogía Waldorf?

La pedagogía Waldorf nació en 1919 a partir del pensamiento de Rudolf Steiner y propone una educación integral del ser humano. Su mirada podría sintetizarse en tres dimensiones: pensar, sentir y hacer. O, de una manera más visual: cabeza, corazón y manos.

No considera que educar sea únicamente transmitir conocimientos. El arte, la música, el movimiento, los trabajos manuales, la narración, el juego, la imaginación, el contacto con la naturaleza y la experiencia forman también parte del aprendizaje.

El desarrollo se contempla a través de diferentes etapas evolutivas, tradicionalmente organizadas alrededor de los llamados septenios, adaptando la manera de acompañar y enseñar al momento madurativo del niño.

El ritmo tiene un papel fundamental: ritmo del día, de la semana, de las estaciones, del aprendizaje, del descanso y de la propia vida. Y existe una pregunta que para mí resume buena parte de esta mirada:

¿Quién es este niño y qué necesita en este momento para poder desarrollarse?

Una pedagogía que observa antes de etiquetar

Esta idea ha adquirido todavía más significado para mí con los años y con mi posterior recorrido como maestra, psicopedagoga y profesional del acompañamiento humano.

Observar antes de intervenir.
Comprender antes de etiquetar.
Acompañar antes de corregir.

Mirar al niño no solamente desde aquello que le cuesta, sino también desde aquello que está intentando desarrollar.

Eso no significa renunciar a la evaluación, a la intervención psicopedagógica o a otros apoyos profesionales cuando son necesarios. Significa que ninguna dificultad debería hacernos perder de vista al ser humano en su totalidad que tenemos delante.

¿Por qué digo que puede sanar?

Cuando digo que Waldorf es para mí una pedagogía que sana, utilizo su palabra en todos sus significados habidos y por haber. 

Hablo de integración.

De reunir aquello que nuestra cultura a veces separa: cuerpo y pensamiento, emoción y aprendizaje, conocimiento y experiencia, individuo y naturaleza, creatividad e inteligencia.

Una educación puede resultar reparadora cuando un niño se siente visto.

Cuando puede encontrar su ritmo. Cuando descubre capacidades que quizá todavía nadie había reconocido. Cuando comprende que aprender no significa únicamente responder correctamente, sino descubrirse a sí mismo mientras descubre el mundo.

Quizá por eso, cuando pienso en qué es realmente la pedagogía Waldorf, regreso inevitablemente a aquella maestra que me miró cuando yo todavía era joven y me dijo:

“Tú ya eres maestra.” Ella vio algo que todavía estaba creciendo o estaba en los genes pues mi madre, abuela y tatarabuela ya lo eran. hehe!

Y quizá ahí reside una de las tareas más hermosas de la educación:

ser capaces de ver lo que vive potencialmente en cada ser humano y crear las condiciones para que pueda desplegarse!

3 de nov 2015


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