Dia Santo 12: Aries - El Hijo
🌙 DÍA 12 · DUODÉCIMA NOCHE SANTA
ARIES · EL HIJO
5o de Enero «Yo Soy», te llamas,
y también «Mi Padre y Yo somos uno».
De ahí nace el Hombre, de tu nombre más oculto.
De lejanías cósmicas desciendes hasta el portal de Aries.
«Visva Karman», limpio de karma.
No hay causa y efecto más allá de las estrellas,
más allá de toda necesidad.
La contemplación ardiente del Padre,
el acto de amor sin peso desciende al mundo creante
llevando la palabra ignota
libre de karma, libre de causas.
La eterna palabra, energía de Dios,
manifestándose en tu gravedad alada.
Dolor, contracción jubilosa en la creación de los mundos.
«Mi Padre y Yo somos uno».
Abriste tus brazos de Alfa a Omega.
«Yo Soy y lo que el Padre Habla».
De sacrificio en sacrificio tomas envolturas de espíritus excelsos,
de Serafines a Tronos, de Kyriotetes a Exusíais,
Ahura Mazdao, Atón-Ra, Yahvé.
Y cerca de la gravedad, frontera del éter vital,
en la aurora de rosados dedos
te conoció como Helios el mundo griego.
Y el seis de enero del año treinta el Verbo se hizo carne,
la virtud habitó entre nosotros,
y peldaño a peldaño transmutas las envolturas
en oro, plata y cobre del Hombre terrestre.
Primero en su alma, en su cuerpo estelar,
transformaste el agua en vino en las bodas de Canáan.
Y en la luz del monte Tabor irradió vida estelar transparente.
Elías y Moisés, Pedro, Santiago y Juan,
los demás apóstoles, el niño epiléptico,
contemplaron tu compasión vital.
El cuerpo físico iba cambiando en luz.
Como polvo de dorada mariposa se transforma el barro lunar,
la carne desaparece y nace el Fantomas en su lugar.
Y casi sin peso ni materia que construyera tu cuerpo,
te sostuvieron los ángeles.
Fuiste bendecido entre palmas y sarmientos.
Mantuviste tu cuerpo con el beso de Judas;
sin él, el Hombre no podría contemplar
el sacrificio de amor y libertad.
Derramaste tu sangre ya desde Pilatos,
y con el azote cruel la Tierra iba cambiando.
Erguido en tu dolor, de compasión colmado,
el Hijo del Hombre se hace plenamente humano.
Y arriba, en el Gólgota,
el primer punto cristalizado de la Tierra,
como nuevo Trono derramas tu vida roja y azul
y la Tierra se transforma en Cielo.
Moriste y naciste para la Tierra;
resucitaste al entregarte a los hombres,
en el nombre del Padre.
Cinco heridas mortales resplandecen como vitales rubíes,
joyas del nuevo Adán creado.
Entre Antiguo Saturno y el Gólgota nace el Nuevo Saturno,
nuevo equilibrio, nuevo Calor y nueva Luz.
Y en el interior de la Tierra alborea el nuevo Sol,
principio para el Yo renovado,
en el cuerpo del resucitado,
imaginación en toda la Tierra,
gravedad móvil sostenida por sí misma.
Doce piedras preciosas lucen en toda su figura
más allá de todo tiempo y todo espacio.
Desde el Antiguo Saturno, Alfa,
hasta el Nuevo Vulcano, Omega.
Cada hombre puede recrear su Cuerpo de Luz.
Y ahora, entre la mutua contemplación del Hijo y del Padre,
retorna el Primer Amor, la forma imperecedera.

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